Desde muy pequeña, la lectura fue mi salida al mundo exterior, descubrí la amistad, la aventura, el amor, incluso el sexo. Página a página devoraba la historia y sentía verdadera pena de que se acabara. Pero la magia volvía a repetirse en el mismo momento en que abría la tapa de un nuevo libro ...fascinante.

sábado, 22 de abril de 2017

Presentación "Momentos de Vida"

Después de varias gestiones llamadas y mensajes con Alodia, Concejala de Cultura del Ayuntamiento de La Almunia, ya tengo fecha para la presentación.


 Será el dia 29 de Abril de 2017 a las 19,00 horas en el Palacio San Juan
La Almunia de Doña Godina
Zaragoza


Aquí tenéis el cartel.






¡¡¡ Os espero a todos !!!




miércoles, 19 de abril de 2017

Reseña sobre "Momentos de Vida"

Juan Pedro Martín Escolar-Noriega en su magnifico blog "Volveremos a Macondo" ha reseñado mi libro, exprimiendo sentimientos en cada palabra, para mí un honor formar parte de su universo literario, muchas gracias por llegar al fondo de mis pequeños relatos.

Con su permiso recojo aquí sus palabras y os dejo el enlace a su blog que os invito a visitar y a seguir, merece la pena.

"Volveremos a Macondo"





 
Texto de: Juan Pedro Martín Escolar-Noriega

Estoy sentado, frente a la hoja de papel en blanco, pensando en lo que voy a escribir lo que vais a leer e continuación y una idea me asalta de forma continua: me considero una persona que siempre ha tenido una vida afortunada, aunque mi forma de ser y mi carácter me haga sufrir por los continuos problemas cotidianos que nos pueden asaltar. ¿Problemas? ¡Qué ironía!
Acabo de cerrar un pequeño libro, pequeño por su extensión pero enorme por su contenido, titulado Momentos de vida, primer libro publicado por Isabel Sevilla Moreno, que a partir de ahora se va a convertir en uno de los que tengo de cabecera y que releeré cada vez que me asalten esos problemas que, desde este momento, voy a calificar de banales ante tanto sufrimiento y dolor que acaban de pasar por mis ojos.
Isabel Sevilla Moreno necesita sobrevivir y para eso escribe según nos confiesa en Momentos de vida. Escribe para hablar de libertad, de deseos incumplidos, sueños no realizados, del tiempo que pasa y porque cada vez queda menos tiempo para vivir; ella habla con su papel y se entiende perfectamente, más de lo que quisiera; escribe para hablar de aquellos que no han podido siquiera llegar a vivir los años que ella ha vivido, aquellos que se han ido antes de hora; escribe para declarar su amor por las personas a las que no dijo cuánto quería ni las suficientes veces ni con actos que es como deben ir acompañadas las palabras; escribe para hablar del dolor de las ausencias, para recordar los sueños tanto los buenos como los malos, para no olvidar porque sin recuerdos no somos nada, para sentirse viva y libre, para contar el dolor y el desamor; escribe para hablar de la esperanza, la ilusión y el amor; escribe para contar las horas, los días, las emociones…; escribe porque está viva y, en el fondo, quiero vivir siempre en y con sus letras; escribe para ser inmortal, para los que vengan después de ella.
A partir de esta confesión nos sumergimos en treinta y cinco breves, pero intensos y emocionantes, relatos autobiográficos y un precioso cuento de ficción final erótico para que sea un antídoto para superar y se nos quite del alma la angustia que se ha anidado en ella durante la apasionante lectura.
Momentos de vida nos relata pequeñas situaciones cotidianas, ínfimas cosas, que seguramente a los que no estamos en la situación de la autora ni nos demos cuenta de que suceden, pero que en las palabras y frases de Isabel Sevilla Moreno se hacen inmensas porque la reafirman en lo que a ella le ha tocado vivir y en la tremenda dignidad con la que lo afronta.
Felicidad, sexo, amistad, fe, suerte, aventura, bondad, familia, crisis económica, juventud, enfermedad cruel, salud, maltrato, soledad, violencia de género, machismo, amargura, amistad desamor, recuerdos, dolor, fragilidad, angustia…, pero ante todo dos cosas en mayúsculas que bañan cada página de Momentos de vida: Amor y Esperanza.
¿Qué puede pedir una persona cuando en una reunión de amigos alguien lanza la pregunta que es lo qué querríamos ser de mayores? Muchos pediríamos esas cosas materiales y enaltecedoras de nuestra vanidad, pero Isabel Sevilla Moreno se lo piensa unos segundos y nos suelta a nuestra cara que queda sorprendida ante su petición y deseo: “No estar enferma. Llevar una vida normal, la misma que nunca he podido hacer”.
Momentos de vida  es como el núcleo de A la busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Isabel Sevilla Moreno, en esa soledad que se siente en una ciudad grande y que es tan enorme y en la que cerramos los cerrojos de la puerta de nuestra casa, miramos por la ventana, vemos pasar a la gente y observamos las luces de las otras casas, descubre un objeto familiar, que ella ha ido recopilando a lo largo de su vida, y empieza a recordar, porque esos objetos son testigos de la vida que nos vuelve para viajar por la memoria. Y si no tenemos recuerdos no somos nada, tanto que ellos son los que nos mantienen vivos. La soledad y la incomprensión son malas compañeras y ella, así se hace llamar muchas veces en el libro Isabel Sevilla Moreno, las ha sentido en su piel, tanto que las lleva tatuadas. Ella no sabe odiar, pero sufre, sufre mucho. Lamenta como es tratada por su ser quizás más querido. Lamenta tantas cosas que le han pasado, tanta injusticia sufrida. Porque en esta historia es la gran perdedora, sin duda, pero no acepta que sus seres queridos pierdan su libertad. Sólo desea que la quieran, pero no siente ese cariño. Y ella se pregunta qué es lo que ha hecho para obtener tanto dolor.
Ella no cree en el perdón. Sólo cree en la conciencia de cada uno, única y exclusivamente, porque se trata de vivir la vida mientras podemos, de disfrutar de los buenos ratos porque los malos llegan sin avisar, de hacernos las cosas más agradables unos a otros, de vivir y dejar vivir. De todo eso y de muy poco más.
Porque, aunque parezca mentira y que no puede ser, y ahí radica su tremenda grandeza y magia, Momentos de vida es un grito descarnado, pero un grito de esperanza que te deja el corazón encogido, pero lleno de emoción. ¡Qué poco nos damos cuenta de las verdaderas cosas que son importantes! Isabel Sevilla Moreno se desnuda en cada una de sus frases, en cada una de sus palabras como la mujer valiente y excepcional que es. Pocos, muy pocos, se atreverían a escribir todo lo que ella nos cuenta, y ninguno, pienso yo, daría ese mensaje de amor y esperanza que ella transmite frente a lo que está sufriendo sin quedarse en la simple amargura. La gente no quiere saber de cosas duras pero estas suceden a nuestro lado y hay que ponerlas voz. Isabel Sevilla Moreno se la pone en un alegato a la esperanza, a la alegría y a la libertad después de haber vivido, y seguir viviendo, unas historias y situaciones poco fáciles, por no decir extremadamente difíciles.
El amor a su padre y a su madre, a sus perros a los que sólo les falta hablar, los bancos donde poder sentarse en sus paseos, sus zapatos, su bastón, sus hijos, las vajillas guardadas en la alacena del comedor, su lilero, su ventana como escaparate de la vida, esa luz de la casa de enfrente que lleva días sin encenderse, sus paseos por etapas, su vermú, sus conversaciones con otras personas, su dolor, aunque siempre con esa sonrisa con la que me imagino su cara, ella … Hay que ser muy fuerte, muy mujer y muy excepcional para soltar todo lo que dice y quedarse amarrada a ese poso de esperanza frente a los que nos parece que tenemos una vida dichosa, feliz y regalada con algún problemilla de vez en cuando.
Os ruego encarecidamente que compréis y leáis Momentos de vida, lo disfrutéis y sigáis sin descanso las palabras de Mario Benedetti con las que Isabel Sevilla Moreno cierra su libro a manera de síntesis para cuando tengamos un momento de desaliento: “No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo. No te rindas que la vida es eso…”.
Si Isabel Sevilla Moreno lo ha convertido en una forma de vida y lo sigue a rajatabla, ¿no vamos a poder nosotros, personas afortunadas a las que nos asaltan problemillas sin importancia que parecen ahogarnos?
¡Impresionante!


viernes, 14 de abril de 2017

ESCRIBIR



"No existen más que dos reglas para escribir: Tener algo que contar y decirlo"
Oscar Wilde







martes, 4 de abril de 2017

EL GIMNASIO

Este relato que se me ha escapado de la imprenta y no ha podido entrar en el libro, os lo pongo para que lo podáis leer todos.





 
El otro día paseando por una calle de mi ciudad, me extrañó en estos tiempos de crisis, el ver dos gimnasios grandes abiertos y con gente, bastante joven por lo que vi a través de unas grandes cristaleras que dan a la calle, en un gimnasio esta todo lleno de cintas de correr con hombres, en su mayoría, corriendo y sudando y en el otro gimnasio, que esta muy cercano en la misma acera, esta lleno de bicis estáticas, y allí vi que había mayoría de mujeres, con sus mallas sudando la camiseta, o el body, porque iban muy ceñidas de ropa, no como cuando iba yo a clases de estiramientos, que eran unas mallas y una camiseta ancha, y las mallas porque el profesor decía que si no veía si estirábamos bien el músculo.

Entrados en harina, que se dice vulgarmente, me di cuenta de la estupidez humana, pagar para estar corriendo siendo que lo pueden hacer gratuitamente a 5 minutos de allí en el parque de La Aljaferia, y ya no te digo lo del tema de las bicis, que van y vienen por donde quieren...

Al hilo de lo de la estupidez me acordé de una conversación que tuve con mi Reumatólogo, hace unos años, cuando en una de mis múltiples visitas, ya hablábamos de todo y él me comentó una anécdota que le ocurrió y se me quedo grabada y es la siguiente: Estaba harto de que los amigos y la familia le dijera: oye tienes que venirte al gimnasio, que es muy bueno, que tenemos una edad, que te vendrá bien para la salud, y sin muchas ganas el hombre se apunto al gimnasio, convencido como estaba que con ir y venir andando a su lugar de trabajo era suficiente.

Me dice, al llegar allí veo a un hombre con exceso de todo menos de vello, y empieza a colocarnos en una sala y él en un lugar un poco más alto con un micrófono pegado a la cara y una música estridente, altísimo el volumen...y empieza, a saltar y a gritar uno, dos, tres, 50 veces el mismo movimiento. La persona que me refería esto, es el Jefe de Reumatología de uno de los Hospitales más grandes de Zaragoza, y claro veía que el ejercicio que el que gritaba, no era el adecuado para tal o cual articulación, también veía que el elemento de las mallas no tenía ni “pajolera” idea de corregir la posición de los que no lo hacían bien, incluso pensaba: de un momento a otro voy a tener que intervenir como médico porque alguno de esto les va a dar un infarto, por exceso de ejercicio, porque el del exceso de todo, les achuchaba a no parar, gritando: venga, más, otras 20 veces.

El hombre, el Reumatólogo, no podía más y no llegó a ir una semana, cuando se despidió del gimnasio, en el que había pagado una cuota que ni siquiera pidió que le devolvieran, solo les dijo a la señorita que tienen para atender y al elemento de los gritos, que era médico y Reumatólogo, que no podía seguir allí, porque veía lo mal que estaban haciendo las cosas y porque además veía a casi todos los que estaban con él en las clases, como potenciales pacientes suyos, porque iban a producirse una lesión en algunos casos grave e irreversible.

También le dijo al señor depilado con mallas y micrófono, que debería tener una titulación no de “preparador físico” si no de rehabilitador, que es lo que deberían de exigir las autoridades para ejercer en los gimnasios, porque hacía más mal que bien con los ejercicios que él “obligaba” a realizar.

El hombre que los llevaba al borde de la rotura fibrilar, no respondió nada, y se fue. La señorita todo era disculparse, decir, que porque no había dicho que era médico y sobre todo temía que denunciara al gimnasio.

Mi Reumatólogo se fue sin decir nada, feliz por haber abandonado ese lugar que para él era un castigo, por todo lo que veía que se realizaba.

Volvía a ser un hombre feliz con sus caminatas. Para callar a la familia se compró una cinta andadora que tiene cogiendo polvo en la terraza...

Desconfiar de estos modernos gimnasios donde los monitores no están cualificados para ejercer ni orientar respecto a que ejercicios son los adecuados para cada cliente.

No nos dejemos llevar de modas absurdas, y caminemos que es un ejercicio completo, sano y barato.

El secreto para estar en forma consiste en quemar todas las calorías que se consumen y eso se consigue caminando, simple y llanamente, y a nuestro ritmo, sin tener a un elemento gritándote en la oreja y con una música horrorosa taladrándote los tímpanos.